






Autos artesanales argentinos
La construcción de autos de manera artesanal en Argentina nació en los albores mismos de la motorización nacional.
En simultáneo con la llegada al país de los primeros automóviles importados desde Europa y Estados Unidos, un reducido, pero entusiasta, grupo de emprendedores hizo realidad el sueño de la movilidad propia con la construcción de originales e inéditas unidades autopropulsadas.
Celestino Salgado y Manuel Iglesias son los nombres propios de esas historias pioneras que testimoniaron sobra la iniciativa y capacidad de los técnicos y mecánicos criollos y extranjeros afincados en el país.
Horacio Anasagasti completó esta terna de entusiastas pioneros con la primera producción seriada de automóviles en Argentina.
Junto a ellos se destacaba una prolífica industria de carrocerías de autos de lujo donde la sensibilidad y habilidad constructiva de sus técnicos y artesanos convertía en verdaderas obras de arte móviles los chasis sin carrozar que llegaban del exterior.
Pero el nacimiento de la gran industria a mediados de siglo puso en riesgo la continuidad de esta actividad frente a la masividad y reducción de costos que proponía la producción en masa.
Sin embargo, la gestación de la industria automotriz nacional, con la llegada de las grandes marcas internacionales, entregó la materia prima necesaria para que los creativos constructores artesanales pudieran desarrollar vehículos originales que la gran industria no producía.
Ese espacio fue hábilmente ocupado por los fabricantes independientes con propuestas personalizadas que recreaban clásicos históricos, en algunos casos, y en otros, más osados, proponían diseños absolutamente inéditos.
Este grupo de constructores tuvo su etapa de esplendor en los años 70, cuando el régimen de armado de fuera de fábrica permitía montar unidades completas a partir de mecánicas de serie provistas por la industria nacional, pero con chasis, carrocerías y otros componentes concebidos y construidos en forma autónoma. Las propuestas fueron tan diversas como las necesidades de movilidad de los usuarios. Desde utilitarios hasta deportivos de alta performance, pasando por vehículos recreativos, el universo de automóviles artesanales argentinos resultó pintoresco y creativo.
Pero la actividad del sector no fue ajena a las recurrentes crisis económicas que padeció el país y que afectaron su continuidad y subsistencia. Por último, un nuevo marco legal muy restrictivo puso en jaque a la actividad que se redujo a niveles mínimos con la fabricación de unidades acotadas al uso en ámbitos privados -fuera de la vía pública- o bien destinadas a la exportación.
La reciente sanción la nueva ley que regula la fabricación de autos artesanales (Ley 26.938) creó las condiciones legales necesarias para poner nuevamente en marcha este sector que genera mano de obra calificada, valor agregado y capacidad para generar divisas.
Autos artesanales argentinos
La construcción de autos de manera artesanal en Argentina nació en los albores mismos de la motorización nacional.
En simultáneo con la llegada al país de los primeros automóviles importados desde Europa y Estados Unidos, un reducido, pero entusiasta, grupo de emprendedores hizo realidad el sueño de la movilidad propia con la construcción de originales e inéditas unidades autopropulsadas.
Celestino Salgado y Manuel Iglesias son los nombres propios de esas historias pioneras que testimoniaron sobra la iniciativa y capacidad de los técnicos y mecánicos criollos y extranjeros afincados en el país.
Horacio Anasagasti completó esta terna de entusiastas pioneros con la primera producción seriada de automóviles en Argentina.
Junto a ellos se destacaba una prolífica industria de carrocerías de autos de lujo donde la sensibilidad y habilidad constructiva de sus técnicos y artesanos convertía en verdaderas obras de arte móviles los chasis sin carrozar que llegaban del exterior.
Pero el nacimiento de la gran industria a mediados de siglo puso en riesgo la continuidad de esta actividad frente a la masividad y reducción de costos que proponía la producción en masa.
Sin embargo, la gestación de la industria automotriz nacional, con la llegada de las grandes marcas internacionales, entregó la materia prima necesaria para que los creativos constructores artesanales pudieran desarrollar vehículos originales que la gran industria no producía.
Ese espacio fue hábilmente ocupado por los fabricantes independientes con propuestas personalizadas que recreaban clásicos históricos, en algunos casos, y en otros, más osados, proponían diseños absolutamente inéditos.
Este grupo de constructores tuvo su etapa de esplendor en los años 70, cuando el régimen de armado de fuera de fábrica permitía montar unidades completas a partir de mecánicas de serie provistas por la industria nacional, pero con chasis, carrocerías y otros componentes concebidos y construidos en forma autónoma. Las propuestas fueron tan diversas como las necesidades de movilidad de los usuarios. Desde utilitarios hasta deportivos de alta performance, pasando por vehículos recreativos, el universo de automóviles artesanales argentinos resultó pintoresco y creativo.
Pero la actividad del sector no fue ajena a las recurrentes crisis económicas que padeció el país y que afectaron su continuidad y subsistencia. Por último, un nuevo marco legal muy restrictivo puso en jaque a la actividad que se redujo a niveles mínimos con la fabricación de unidades acotadas al uso en ámbitos privados -fuera de la vía pública- o bien destinadas a la exportación.
La reciente sanción la nueva ley que regula la fabricación de autos artesanales (Ley 26.938) creó las condiciones legales necesarias para poner nuevamente en marcha este sector que genera mano de obra calificada, valor agregado y capacidad para generar divisas.






